Por 0´35€ la respuesta, sinónimos de "aburrido", un, dos, tres...responda otra vez; Cansado, fastidiado, hastiado, monòtono... así un largo etc. Y aún así me quedaría corto para reflejar mi estado anímico en los 81 min que sufrí esta peli. De entre todas las pelis que tengo, de entre todas -aunque sean muy poquitas- que hay en este momento en cine que merezcan la pena tuve que fijarme en esta. Le achaco su elección al agotamiento posterior a dar un largo paseo por Playamar - sí, hay más vida aparte del Paseo Marítimo Antonio Banderas-Sacaba Beach señores lectores, ¡vuelta a los clásicos!-. El caso es que ya que habíamos salido y desafiando al fantasma de la crisis -no me refiero a Zapatero...eh,...vale?- decidimos mi novia y yo ir al cine. Y cayó esta innecesaría precuela a la saga Underworld.Innecesaría por varios motivos, el primero de ellos es que creo que no había una necesidad imperiosa de contar algo que, en unos cuantos flashbacks, quedó meridianamente claro en la primera parte. El segundo que darle el protagonismo de la historia a un licántropo tan "triste" cómo el tal Lucien para que mueva la cinta hace que empiece a perder gas desde el primer frame en que vemos la napia de Michael Sheen. Fué un apocalíptico fracaso de casting en la primera Underworld y aquí lo volvemos a sufrir, esta vez en forma de apocalíptica pandemia. Y tercero y no menos importante, perdemos a la hermosa Kate Beckinsale y nos cuelan a Rhona Mitra, que me imagino que por haber sido chica "Lara Croft" y por su asombroso parecido con Kate Beckinsale en el color del pelo nos han querido marcar un gol. Pero no, amigos. No me lo trago. Una tostadora transmite más sentimientos que ésta señorita de abultados labios.
Al menos sí disfrute con la siempre excéntrica y sobreactuada interpretación del genial Bill Nighy. Es único gesticulando expresiones retorcidas de ira, dolor o ligeras sopechas, arqueando una ceja. Eso es "atravesar" la pantalla amigos. Yo lo defino el Jim Carrey de la mala hostia. Al menos es el único que no es afectado por el extraño virus que padecen algunos actores que interpretan a vampíros en la peli; el sindrome del baile de lentillas. Y es que es muy habitual ver algunos vampíros con ellas, otros no. O peor aún, que alguna vez salga con ellas y luego no. Incluso en la misma escena aparecen y desaparecen con tanta facilidad cómo la acción en la cinta. El único que las tiene presente siempre es el Sr. Bill Nighy, me imagino que acojona más así, pero... Quizá la respuesta radíque en el antigüo argot popular de que los tíos no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo, y eso le ha tenido que ocurrir al director de esta cinta, el diseñador de maquillaje Patrick Tatopoulos. Y es que dirigir y estar en cuestiones tan "vulgares" cómo el aspecto de los actores quizá sean incompatibles. Así cómo que el director de las dos anteriores entregas y marido de Kate Beckinsale no firme esta tercera y que por ende su espectacular señora, junto con su estilo visual y narrativo, que puede gustar más o menos, pero ha hecho ganar respeto a la franquicia hayan desaparecido cómo las lentillas o incluso menguado, cómo es el caso de los decorados que maneja a pelicula - dos, el castillo de los vampiros y el bosque de los lobos- que para colmo están tan mal reflejados a nivel narrativo-visual, que parece que estén uno frente a otro, a escaso 500 metros.
Creo que alguien debería de cerrar las puertas del Inframundo a cal y canto. Monstruosos desprópositos cómo éste podrían cabalgar sobre la faz de la Tierra.
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