Nos encontramos ya en plena época estival y me gustaría hacer incapié en las siempre saludables 2 horas de la digestión antes de tomar el baño.Ya sabemos que se junta el hambre con las ganas de comer, es decir, una vez estás en playa o en la piscina, recién comido el siempre socorrido bocata de filete empanado y el litro y medio de gazpacho bien cargado en ajo, lo último que de lo que tiene uno ganas es de languidecer bajo un sol de justicia, cuando el baño refrescante y renovador nos aguarda impaciente.
El problema es el llamado corte de digestión, que sobre todo, más que peligroso es molesto por lo calambres en el abdomen y la más que alta probabilidad de expulsar el bocata y el gazpacho que con tanta ansia nos hemos metido entre pecho y espalda. El peligro real y tangible, reside en manos de quien estamos a la hora de socorrernos cuando dicho imprevisto se presenta.
Salvando los grandes profesionales de la seguridad acuática -que alguno tendrá que haber por ahí-, en verano nos encontramos rodeados de una serie de individuos ataviados con bañador rojo y camiseta blanca que dicen velar por la seguridad de los bañistas. Pero me río yo de esa seguridad.
En muchas ocasiones se trata de un tipo habitual de los gimnasios y fanático de la depilación integral que gafas de sol en ristre se pasea de un lado para otro por la orilla o el borde de las piscina, pero no se pasea para vigilar, no, sino para ser observado por las nenas y de tanto en tanto pone alguna pose para levantar suspiros entre las quinceañeras mientras que el bañista, ajeno por completo a la atención de este desaprensivo, queda a merced de lo que Dios quiera.
Otras veces en cambio, vemos a un tipo que no se mueve de la silla o de la torre de vigilancia ni para mear, como también se tocan con gafas oscuras es imposible saber si el tipo es un muñeco de trapo puesto con el fin de ahorrar un sueldo o es que el cabrón se pasa toda la jornada durmiendo la resaca de la noche anterior.
Pero mi favorito, es el espécimen que viene a continuación, seguramente lo recordaréis de los telediarios del año pasado, pero conviene recordarlo para cuando os veáis tentados de saltaros las dos horas de digestión de rigor, volváis a tener en mente ese rostro desvaído, con la mirada perdida del yonki que acabad de meterse una dosis. Sin palabras
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