lunes, 18 de enero de 2010

EL ACOMODADOR: AVATARES DE LA VIDA

Efectivamente, cierto es que en este blog hemos sido grandes detractores de la última locura de James Cameron. A simple vista, esos pitufos sobrealimentados rodeados de naves que parecían haber escapado del universo Star Wars llamaban a la cautela y al escepticismo. No obstante, una vez pasada la histeria inicial de las masas, el sábado puse mis pasos en dirección a la sala de cine, los rumores y habladurías iban en aumento a cada minuto y corría en riesgo de convertirme en un paria repudiado de la sociedad si no veía en pantalla grande esta megaproducción. Ahora, soy un creyente, vuelvo a creer en el cine y se que aún quedan vestigios de magia en Hollywood.
Partiendo de una base tan rudimentaria como Pocahontas o la soporífera Bailando con Lobos, James Cameron se ha sacado de la chistera más que una paloma un pavo real. Ha creado todo un universo nuevo tan rico y detallado que uno se pregunta si durante estos doce años de ausencia Cameron habrá sido abducido y encviado a Pandora.
Francamente, a los quince minutos de metraje comprendí la magnitud del fenómeno, el despliegue de maravillas que se exhibía ante mi no era fruto de un arrebo paranoíco o una gripe gapante como el caso de Termintor. Avatar llevaba mucho tiempo madurando en la mente de Cameron, no solo en la consciente, sino en el subconsciente. Como muestra, la mayoría de elementos principales de sus películas se fusionan para crear un universo único. Casi todas sus anteriores producciones se encuentrar concentradas en Avatar. La imagen desconcertante de un planeta tierra arrasado, Terminator; los marines pertrechados de armas pesadas y maquinarias insospechadas, Aliens -de hecho los rifles y el exo-exqueleto son práctimente idénticos; un mundo plagado fosforescente plagado de criaturas alienígenas, Abyss; personajes reales tratados informáticamente para darles un aspecto totalmente distitnto, Terminator 2; y una historia de amor entre dos esferas opuestas, Titanic.
Cameron ha cogido lo mejor de cada casa y lo ha mezclado en un cóctel espectacular que engancha desde el minuto cero. La trama en sí es bastante simple, pero relatada a un ritmo tan infernal que hace que casi tres horas de metraje se pasen en apenas un pestañeo. Decir también que no hay que escarbar mucho para encontrar la crítica de Cameron hacia los suyos y ha esos errores que los americanos han cometido desde que existen como tales, además del marcado mensaje ecologista que hace que uno salga del cine con ganas de abrazarse a un árbol y ponerse a cantar.
No diga nada más ya que los que la han visto saben a lo que me refiero y no cargarme nada de la cinta para los que aún no se han acercado a la sala de proyección. Sólo decir, que en esta época de la banda ancha, en la que juré que jamás volvería a comprar un dvd original, nada más salir de la sala, ya aparté el dinero en la cartera para hacerme con el original de la Avatar en cuanto salga a la venta.
Ahora os dejo con un mini make off que os resultará bastante revelador.

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