
Francamente esta noticica viene a corraborar el anterior artículo de Cassini. Es una muestra más de la falta de ideas, sino cojonudas cuanto menos originales. Si en la piel de toro sufrimos esta maldita pandemia -cuya verdad es un templo- en el otro lado del charco, "en cá tito Obama" tienen los cerebros secos.
Allí, el pais del pollo frito, les ecantan los refritos o remakes. Lo que pasa que ya llevan unos añitos que se les empieza a notar el plumerito. Ahora ellos lo llaman reboot, o lo qué es lo mismo, ser fiel a la idea original, pero pudiendose permitir algunas lindezas las cuales, cómo siempre acaban empeorando el feeling original y ocasionan en la sala de cine un curioso ruidillo en cadena; el del rasgamiento de vestiduras.
Pués el afortunado personajillo poseedor de los derechos de Predator es el siempre polémico Robert Rodriguez, el amigo de los niños, de los niños tipo Quentin Tarantino. Ambos señores gozan de mi respeto, pero no puedo aprobar que mancillen el nombre de una película, no ya de culto, sino intemporal, no parece que haya pasado el tiempo por ella y por ende no veo necesario refrito, remake, reboot o su puñetera madre, con perdón.
Habrá que esperar hasta saber más. Como siempre os citamos aquí para averiguar en que queda todo esto, - bueno, yo lo sé, sangre, tacos, sangre, tacos... ¿Salma Hayeck?-.
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